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Te amo tanto

El enamoramiento es uno de los estados emocionales más intensos y placenteros que puede llegar a tener el ser humano. Nos invade de repente un torrente de emociones que nos inunda de deseo, pasión, ganas de estar con esa persona, nos nubla la vista, la razón. La mayoría de nuestras prioridades pasan a un segundo plano, no nos importa dónde ir, solo si es con esa persona… podemos dejar pasar un tiempo sin asistir con tanta frecuencia a esas quedadas a las que no solíamos faltar, intentamos complacer y hacer que vea en nosotros esa persona que a ella también le enamore. Enamoramiento…esa trampa y a la vez regalo que se traduce fisiológicamente en una cascada química. Y esos momentos se explican por la liberación en el cerebro de diferentes sustancias como la dopamina, serotonina, oxitocina,… que generan una ola de placer en el cerebro y nos hace centrarnos de manera casi exclusiva en esa persona.

Sin embargo, ese estado de embriaguez va poco a poco dando paso a otro amor, más racional, sensato, maduro… seguimos queriendo pero a la vez recuperamos y revelamos con más intensidad nuestras preferencias, gustos, nuestro tiempo se abre a otros espacios, personas. Construimos una relación, pero por delante estamos nosotros, nuestra persona, la cual defiende lo que cree, lo que le hace feliz.

Y es en este punto, en esta línea, donde algunas personas se quedan en ese estado que explicaba en el inicio, en ese estado de orientación perpetua hacia su pareja, con el matiz de que no son las hormonas las que esta vez le ciegan, sino otra cosa. ¿De qué se trata?

Se trata del miedo. La persona con dependencia emocional en el fondo no soporta estar sola, no soporta estar consigo misma y esa vocación hacia su pareja es lo que le aleja y distrae de sí mismo. “Solo quiero estar contigo”, “No necesito estar con nadie más, tú me bastas”, “Hacemos lo que te apetezca”…

La persona dependiente emocionalmente tiene una visión distorsionada de las relaciones y de lo que representa las mismas y puede que no sea consciente de esa dinámica en la que está sumergida. Idealiza a su pareja, la justifica, la ve más fuerte y vive en una relación con importantes desequilibrios afectivos, donde sumisión y dominancia muchas veces están presentes.

Lo que podría esconderse en lo más profundo, que explicaría dicha necesidad del otro podrían ser experiencias tempranas en las cuales se han sentido carencias afectivas que llevan a generar en el dependiente la asunción de que nadie puede quererle y que debe de seguir toda la vida luchando por mantener ese afecto. Por otra parte, una baja autoestima puede generar una vinculación afectiva excesiva aunque ésta sea insatisfactoria, existen también otras variables (biológicas, de aprendizaje…).

El amor, como podemos ver, puede representar la cara y la cruz de una misma moneda, explicada desde diferentes perspectivas, una más dulce y la otra tristemente más amarga. Sin embargo, aunque no es una labor sencilla ya que la persona se autoengaña y suele negar la realidad, sí es posible trabajar hacia una dirección donde el amor incondicional hacia uno mismo, se abra camino sobre todos los demás y éste de paso a relaciones más equilibradas y sanas.

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