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La trampa del Perfeccionismo

Llevo tiempo queriendo escribir acerca de ellos…me ha llamado siempre la atención las diferentes razones por las cuales, de una manera u otra, han acabado en consulta. Recuerdo una vez que la dificultad estaba en el insomnio, en otra ocasión otro paciente acudía a consulta porque después de muchos años y muchos intentos no era capaz de encontrar a “la mujer de su vida”, también recuerdo el caso de un hombre que no lograba superar sus pérdidas ya que se resistía a ellas…hace unos años quien acudió a consulta no fue el propio paciente sino su pareja, la cual no soportaba ni un día más la convivencia con el…Todos aquellos pacientes no sabían muy bien por qué se sentían tan mal, por qué no conseguían encontrar la felicidad.

Lo más llamativo de todo era que todos ellos tenían unas vidas aparentemente plenas…buenos trabajos, salud, amigos, estatus…no presentaban dificultades en su día a día, no se escondían traumas… ¿De dónde venía tanta tensión, ansiedad, tristeza, infelicidad…?

A todas las personas nos gustaría conocer todos los peligros que podrían acecharnos para intentar evitarlos, nos gustaría saber qué nos puede salir mal para intentar que eso no suceda, adelantarnos a las consecuencias negativas de una decisión…pero sabemos que eso no es posible y por lo tanto no intentamos tenerlo todo controlado… mantenemos un equilibrio entre lo que podemos y no podemos controlar.

Sin embargo, en las personalidades perfeccionistas, también denominadas obsesivas (no tienen por qué tener relación con el trastorno obsesivo-compulsivo), existe una necesidad imperiosa de controlar su mundo interior y exterior. Aunque de manera consciente no se comportan así por ese motivo, en lo más profundo de su dinámica interna…no quieren ser vulnerables y compensan su inseguridad con la minuciosidad, el trabajo y el control: “si lo controlo todo y soy precavido, sufriré menos”.

Cuando los rasgos de personalidad obsesivos (perfeccionistas) son muy exacerbados, el paciente comienza a encontrarse mal, pero como explicaba antes, muchas veces no es capaz de relacionar dicho malestar con sus características perfeccionistas y refiere su problema a otras causas. En otras ocasiones sí son conscientes, pero aun así no quieren cambiar porque de alguna manera les gusta cómo son (normativos, leales, correctos, implicados…) y al mismo tiempo les da miedo pensar en las posibles consecuencias de soltar ese control.

Algunas de las características que suelen predominar en este tipo de personalidades obsesivas son:

  • En sus vidas privadas suelen ser rígidos y dogmáticos en cuestiones de moralidad y ética.
  • No siempre se caracterizan por una dedicación extrema al trabajo también la preferencia se orienta hacia el mantenimiento de normas, orden, decisiones excesivamente meditadas y cabales…
  • No suelen actuar de manera espontánea y suelen vigilar mucho qué están comunicando y transmitiendo a los demás.
  • Suelen ser reservados emocionalmente (“cuanto más me muestre más me conocerás y más vulnerable seré”).
  • Les cuesta muchas veces disfrutar en situaciones de ocio y tiempo libre, ya que les preocupa aprovechar bien el tiempo (sus expectativas son altas o se frustran si las cosas no salen como las habían previsto).
  • Muestran un estilo de “preocupación obsesiva” o “pesimismo obsesivo”: este pesimismo siempre les hace estar en alerta, hay algo pendiente que parece que si se resuelve nos dará tranquilidad y disfrutaremos de todo (pero eso nunca sucede).

Aunque las sociedades modernas fomentan y estimulan el perfeccionismo, la capacidad de trabajo, la organización… y dichos rasgos de personalidad podría abundar más que otros en nuestra sociedad actual; en esta publicación estoy haciendo mención a unos rasgos mucho más acentuados y más patológicos que llevarían al paciente a necesitar ayuda. Ayuda para darse cuenta de que esa perfección y esa seguridad que ellos anhelan nunca llegarán y que por mucho que se esfuercen por terminar de cerrar ese círculo con su lápiz siempre quedará abierto, siendo en ese esbozo donde deben aprender a vivir.

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