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Autoestima: un tesoro por descubrir y cuidar

¿Cuántas veces hemos sentido que no somos capaces, que no nos gustamos, que nos gustaría querernos un poquito más y sentirnos más satisfechos con nosotros mismos? Cuando nos hagamos este tipo de preguntas probablemente nos encontremos en un momento de nuestra vida en la que debamos trabajar en mejorar nuestra autoestima.

Hemos oído hablar muchas veces de este concepto, autoestima. Pero… ¿Realmente tenemos claro qué significa? ¿Cómo se forma? Y lo más importante… ¿cómo podemos cambiarla?

La autoestima está considerada como la actitud global que uno tiene hacia uno mismo, sería la evaluación y posteriormente la valoración, que hacemos de nosotros mismos (como soy, como pienso, cómo actúo…). Todo el mundo debería disfrutar de un alto nivel de autoestima y experimentar hacia sí mismo una fuerte sensación de que merecemos ser felices, pese a cualquier aspecto de nosotros que queramos mejorar: un peso elevado, una ruptura sentimental, dudas acerca de si lo estoy haciendo bien con mis hijos, altas expectativas de qué debería ser o en qué punto de mi vida debería estar ahora, etc.

Por desgracia, sin embargo, hay mucha gente a la que esto no le ocurre. Numerosas personas padecen sentimientos de inutilidad, inseguridad, dudas sobre sí mismas, culpa y miedo…

Cuando somos niños, los adultos pueden alimentar o minar la confianza y el respeto, en función de cómo nos valoren y nos alienten a tener fe en nosotros mismos. Pero también nuevas elecciones y decisiones actuales desempeñan un papel crucial en el nivel de autoestima. Cualquiera que haya sido nuestra educación, como adultos, el cambio está en nuestras manos.

Para ello, lo principal es adquirir un mayor conocimiento de uno mismo, ampliando nuestra visión sobre nosotros y eliminando aquellas barreras y obstáculos que nos impiden ver en realidad cómo somos, ya que son muchas las áreas que conforman nuestra persona y tenemos mucho por descubrir.

Aprender a aceptarse. Ahora bien, aceptarnos a nosotros mismos no significa no mejorar o evolucionar. Lo cierto es que la autoaceptación es la condición previa del cambio. Si aceptamos lo que sentimos y lo que somos en cualquier momento de nuestra vida, podemos permitirnos cambiar. No debemos castigarnos gritándonos o haciéndonos reproches, ya que estaríamos dañándonos nuestra persona, lo más valioso que tenemos. Aun cuando nos equivoquemos, debemos perdonarnos y darnos otra oportunidad, ya que objetivamente lo hemos hecho lo mejor que hemos sabido en ese momento.

Lucha por aquello que quieres y crees, intenta vivir de la forma más auténtica que puedas, revisa tus “deberías”, respétate como al que más y rodéate de personas que te quieran y valoren.

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